Julio 12
Hoy es el segundo día que estamos aquí todos. A pesar de que la mayoría se quejó de las 3 ó 4 horas que estuvimos con juegos de nombres, puedo afirmar que sí funciona; ya me sé los nombres de casi la mitad del grupo.
Hay chicos de todos lados de México, y a pesar de que la mayoría son de la capital me he podido identificar con algunos de otros lados. Me alegra demasiado saber que no importa dónde estés, siempre hay alguien en otro lugar que no es demasiado diferente a ti. Y puedo decir que las diferencias más notorias entre nosotros son nuestros acentos o como algunos lo llaman, “tonadita”.
El Rancho “Las Sabinas” es uno de los lugares más hermosos en los que he estado. Cuando entré por primera vez, lo primero que vi fue esa enorme puerta de madera tallada a mano, las enormes áreas verdes y la fuente que se encuentra en el centro de la casa.
La casa es inigualable, todas las paredes son de piedra blanca, al igual que los pisos. Las puertas de entrada a las habitaciones son de madera y lo mejor es que por todos lados está rodeado de ventanales que dan acceso a los jardines.
Todas las mañanas despierto gracias al frío que caudaloso como un león a punto de cazar penetra mi piel y mis músculos hasta llegar a mis huesos y se impregna como el olor de café en la madera un día lluvioso de verano. Abro los ojos y agradezco al mundo por haberme dado la grandiosa oportunidad de poder estar en este mágico lugar junto con el resto de mis compañeros y no hago más que imaginar cuán fantástico será el resto de mi día.
Al tocar el piso helado con mis tibios pies, lo primero que hago es mirar hacia la derecha y ver por la ventana. Muchos podrían decir que es una lástima no poder ver a más de 3 metros, pero yo me asombro de la belleza de la niebla cubriendo todo atravesando las hojas de los árboles, las flores y el hermoso pasto verde limón con los pequeños rayos de sol que apenas logran atravesarla.
Ya lista para salir al Instituto Tecnológico, en donde estamos estudiando, tomo mis cosas a toda prisa y subo al camión en el que me toca. Elijo un lugar en donde me siento alrededor de todos los demás, que al principio eran extraños; apenas dos días transcurridos, no los veo como eso: ahora son algo más, ya comienzan a ser mis conocidos, pues con cada minuto que paso con ellos logro conocerlos un poco más.
Natalia Tzatzil Vargas (Distrito Federal)
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